Transición energética: qué es y cómo avanza el mundo

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Campo de paneles solares fotovoltaicos vista aérea

La transición energética es el paso de un sistema basado en combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) hacia uno dominado por fuentes limpias como la solar, la eólica y la hidroeléctrica. En 2025 las energías renovables generaron el 33,8 % de la electricidad mundial y superaron al carbón por primera vez en un siglo, mientras que la inversión en energía limpia debía alcanzar en 2025 los 2,2 billones de dólares, el doble que la destinada a los combustibles fósiles. ¿Qué está impulsando este cambio y a qué velocidad avanza realmente el mundo?

El sistema energético que sostiene a la civilización moderna está atravesando su transformación más profunda desde la Revolución Industrial. Durante más de dos siglos, quemar carbón, petróleo y gas fue sinónimo de progreso; hoy, ese mismo modelo es la principal causa del cambio climático y el punto de partida de una carrera global hacia la electricidad limpia. Esa carrera tiene nombre: transición energética.

El dato que mejor resume el momento actual es contundente: en 2025 las fuentes renovables aportaron el 33,8 % de la generación eléctrica mundial y desplazaron al carbón (33,0 %) del primer lugar por primera vez en aproximadamente cien años (Ember, Global Electricity Review 2026). No se trata de una promesa a futuro, sino de un cambio que ya está ocurriendo en la red eléctrica de la que dependemos cada día.

Sin embargo, la fotografía completa es más matizada. Los combustibles fósiles todavía cubrieron alrededor del 86 % del suministro mundial de energía en 2025 (Our World in Data, 2026) y las emisiones de CO₂ del sector energético marcaron un nuevo récord en 2024. La transición es real, pero todavía es una carrera contra el reloj. En este artículo explicamos qué es, qué la impulsa, cómo avanza en cifras y qué obstáculos quedan por delante.

¿Qué es exactamente la transición energética? ¿Por qué está ocurriendo ahora? ¿Cuánto han crecido las renovables y qué países lideran el cambio? ¿Cuáles son las metas de neutralidad de carbono y qué desafíos técnicos y económicos siguen sin resolverse?

La transición energética en breve

La transición energética es el proceso estructural de sustituir las fuentes de energía basadas en combustibles fósiles por fuentes bajas en carbono, junto con la electrificación de sectores como el transporte y la industria y una mayor eficiencia energética.

  • Fuentes que crecen (limpias): se regeneran o no emiten CO₂ al generar electricidad. Ejemplos: energía solar fotovoltaica, eólica, hidroeléctrica, geotérmica, biomasa sostenible y, como complemento bajo en carbono, la nuclear.
  • Fuentes que se reducen (fósiles): se agotan y liberan gases de efecto invernadero al quemarse. Ejemplos: carbón, petróleo y gas natural, todavía mayoritarios en el sistema energético global.

¿Qué es la transición energética?

La transición energética es el cambio a gran escala del sistema de producción y consumo de energía: pasar de una matriz dominada por los recursos naturales no renovables —carbón, petróleo y gas— a otra basada en recursos naturales renovables y tecnologías bajas en carbono. No es solo cambiar de combustible: implica electrificar el transporte, la calefacción y la industria, modernizar las redes eléctricas y usar la energía de forma más eficiente.

Este concepto está íntimamente ligado al desarrollo sustentable: se trata de cubrir las necesidades energéticas actuales sin comprometer el clima ni los recursos de las generaciones futuras. Por eso muchas de las energías alternativas que hace dos décadas se veían como marginales hoy son la columna vertebral de la nueva economía baja en carbono.

Paneles solares y turbinas eólicas al amanecer

Los motores del cambio: clima, costos y seguridad

Tres fuerzas explican por qué la transición se acelera justo ahora:

1. El clima. En 2024, las emisiones de CO₂ relacionadas con la energía alcanzaron un máximo histórico de 37,8 gigatoneladas, y la concentración de CO₂ en la atmósfera llegó a 422,5 partes por millón (IEA, Global Energy Review 2025). Reducir estas emisiones exige abandonar la quema de fósiles, la principal fuente de gases de efecto invernadero.

2. El costo. La energía solar fotovoltaica se ha vuelto tan barata que la Agencia Internacional de la Energía la describió en 2020 como «la fuente de electricidad más barata de la historia» en condiciones de financiación favorable (IEA, World Energy Outlook 2020). Cuando lo limpio también es lo más económico, el mercado empuja en la misma dirección que el clima.

3. La seguridad energética. La volatilidad de los precios del gas y del petróleo tras la crisis energética mundial de 2021-2022, agravada por la invasión rusa de Ucrania, impulsó a muchos países a invertir en fuentes propias y renovables para depender menos de las importaciones. La energía del sol y del viento no se puede embargar ni cortar en una frontera.

Cómo avanza el mundo: renovables en cifras récord

El ritmo de despliegue de las renovables es hoy más rápido que nunca. En 2024 el mundo instaló cerca de 700 GW de nueva capacidad renovable, un aumento de aproximadamente el 25 % y el vigésimo segundo año consecutivo de récord (IEA, Global Energy Review 2025). De esa cifra, la energía solar fotovoltaica aportó unos 550 GW (+30 % interanual), de modo que la solar y la eólica juntas representaron el 95 % de todas las nuevas instalaciones renovables (IEA, Global Energy Review 2025).

Campo de paneles solares fotovoltaicos vista aérea

En generación, el crecimiento también es explosivo: en 2025 la producción solar creció un 30 % hasta 2.778 TWh y por sí sola cubrió el 75 % del aumento neto de la demanda eléctrica mundial (Ember, Global Electricity Review 2026). Si sumamos la energía nuclear a las renovables, la electricidad «limpia» alcanzó el 40,9 % de la generación global en 2024 (Ember, Global Electricity Review 2025) y cerca del 42,6 % en 2025, según los datos de Ember. Estas nuevas fuentes de energía están redibujando el mapa eléctrico del planeta.

La inversión ya se inclina hacia la energía limpia

El dinero es quizá el indicador más elocuente de hacia dónde va el sistema. En 2025, la inversión energética mundial debía alcanzar 3,3 billones de dólares, de los cuales cerca de 2,2 billones se destinarían a energía limpia (renovables, redes, almacenamiento, nuclear, eficiencia y vehículos eléctricos), frente a solo 1,1 billones para combustibles fósiles: una proporción de dos a uno a favor de lo limpio (IEA, World Energy Investment 2025).

Inversión energética mundial prevista para 2025 (billones de dólares)
3,3 Inversión total 2,2 Energía limpia 1,1 Combustibles fósiles
Fuente: IEA, World Energy Investment 2025.

Esta brecha de inversión es el mejor indicio de que la transición no depende ya solo de subsidios o buenas intenciones: los mercados de capital apuestan cada vez más por lo renovable porque es competitivo y de bajo riesgo a largo plazo.

Países líderes de la transición

La transición no avanza al mismo ritmo en todo el planeta. China concentra alrededor del 60 % de la expansión mundial de capacidad renovable prevista hasta 2030 (IEA, Renewables 2024), y solo en 2024 añadió más de 340 GW de energía solar (medidos en corriente continua), un récord para el país, según el Global Energy Review 2025 de la IEA.

Turbinas eólicas sobre colina generando energía renovable

Otros países ilustran distintos caminos de la transición según sus recursos: Alemania con su ambicioso programa de renovables, Dinamarca como pionera de la energía eólica, Noruega apoyada en su enorme potencial hidroeléctrico, Brasil con una matriz eléctrica ya muy renovable, España impulsando la solar y la eólica, y Estados Unidos combinando el gas con un despliegue creciente de renovables.

Combustibles fósiles: el punto de partida que aún domina

Pese al auge renovable, los combustibles fósiles siguen siendo la base del sistema energético mundial. Naciones como Rusia dependen fuertemente de la exportación de petróleo y gas, y a nivel global el carbón, el petróleo y el gas todavía cubrieron alrededor del 86 % del suministro de energía en 2025 (Our World in Data, 2026).

Planta industrial con chimeneas emitiendo humo contaminante

La buena noticia es que ese dominio empieza a resquebrajarse. Según el escenario de políticas declaradas de la IEA, la demanda mundial de petróleo, gas y carbón podría alcanzar su punto máximo antes de 2030 (IEA, World Energy Outlook 2024). Conviene tratar esta proyección con cautela: en su World Energy Outlook 2025, la IEA, aunque proclamó que «la era de la electricidad ya está aquí», proyectó que con las políticas declaradas la demanda de petróleo solo se estabiliza hacia 2030 y que, con las políticas actuales, la demanda de petróleo y gas sigue creciendo hasta 2050.

Metas net-zero y el acuerdo de la COP28

El horizonte de la transición está marcado por el objetivo de la neutralidad de carbono (net-zero) hacia 2050, es decir, no emitir más CO₂ del que se puede retirar de la atmósfera. En la cumbre climática COP28 (Dubái, 2023), cerca de 200 países se comprometieron a triplicar la capacidad renovable mundial hasta superar los 11.000 GW (11 TW) en 2030 (IEA, COP28 Tripling Renewable Capacity Pledge), además de acordar por primera vez una transición para abandonar los combustibles fósiles.

El problema es la brecha entre la ambición y los hechos: la IEA advirtió en 2024 que, aunque todos los países cumplieran plenamente sus ambiciones nacionales actuales, el mundo se quedaría cerca de un 30 % por debajo de esa meta de 11.000 GW (IEA, COP28 Tripling Renewable Capacity Pledge). Cumplirla exige acelerar todavía más el despliegue, la modernización de redes y las inversiones.

Desafíos: redes, almacenamiento y financiación

La transición energética no está exenta de obstáculos. El sol no siempre brilla ni el viento siempre sopla, por lo que integrar grandes cantidades de energía variable exige redes eléctricas modernas, mucha más capacidad de almacenamiento en baterías y mecanismos de flexibilidad que equilibren la oferta y la demanda en tiempo real.

Líneas de alta tensión al atardecer infraestructura eléctrica

A estos retos técnicos se suman los económicos y sociales: la necesidad de llevar financiación a las economías emergentes, garantizar minerales críticos para baterías y paneles, y asegurar una transición justa para los trabajadores y regiones que hoy dependen del carbón y el petróleo. Construir una verdadera economía sustentable implica resolver estos frentes a la vez, no solo instalar más paneles y turbinas.

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Fuentes de información usadas

La transición energética ya no es una hipótesis de laboratorio: es la corriente dominante de inversión y despliegue en el sistema eléctrico mundial. Las renovables superan al carbón, el dinero fluye hacia lo limpio y más de 100 países han fijado metas de neutralidad de carbono. El desafío pendiente es la velocidad: acelerar las redes, el almacenamiento y la financiación lo suficiente para que la transición llegue a tiempo de frenar el cambio climático. La dirección del viaje está clara; lo que aún se decide es cuánto tardaremos en llegar.

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Juan David Montoya

Escrito y revisado por

Juan David Montoya

Economista de la Universidad de Antioquia (Medellín, Colombia). Cubre medio ambiente y desarrollo sustentable desde 2013. Su trabajo parte del manejo e investigación directa de las bases de datos de los grandes centros de investigación internacionales —Banco Mundial, FAO, Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), Naciones Unidas y OCDE—, de donde extrae y contrasta los indicadores que publica. Su objetivo es traducir esos datos a un formato simple y gráfico: tablas, mapas y visualizaciones que permitan entender de un vistazo la situación ambiental de cada país.

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