Los recursos del suelo y agrícolas son la capa fértil de la Tierra y la tierra cultivable que permiten producir alimentos, fibras y biomasa. Aunque el suelo sostiene el 95 % de los alimentos que consumimos, solo alrededor del 10,7 % de la superficie terrestre es tierra cultivable y cerca del 33 % de los suelos ya está degradado (FAO; Banco Mundial). ¿Qué son exactamente estos recursos y por qué es urgente protegerlos?
El suelo es mucho más que «tierra»: es un recurso vivo, complejo y prácticamente no renovable a escala humana. En él se combinan minerales, materia orgánica, agua, aire y millones de organismos que hacen posible la agricultura y, con ella, la seguridad alimentaria mundial. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el 95 % de los alimentos que comemos se produce directamente sobre los suelos (FAO 2022).
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Sin embargo, este recurso está bajo una presión enorme. La expansión urbana, las prácticas agrícolas intensivas, la deforestación y el cambio climático aceleran su pérdida. Formar apenas un centímetro de suelo fértil puede tardar hasta 1.000 años, por lo que la erosión que hoy arrastra toneladas de tierra en pocas horas es, en la práctica, irreversible (FAO). Entender qué son los recursos del suelo y agrícolas es el primer paso para gestionarlos de forma sostenible.
¿Cuáles son los tipos de suelo y por qué importa su fertilidad? ¿Qué proporción de la Tierra es realmente cultivable? ¿Cuáles son las principales amenazas y cómo se práctica un manejo sostenible del suelo? En esta guía respondemos a estas preguntas con datos verificados de la FAO, el Banco Mundial y la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD).
Recursos Naturales
Los recursos naturales son materiales o fuentes de energía proporcionados o encontrados en la Tierra útiles para los humanos. Todos los productos que fabricamos están compuestos por recursos naturales.
- Recursos renovables: se pueden restaurar por procesos naturales más rápido que la tasa de consumo. Algunos ejemplos son: la radiación solar, el viento, la energía hidroeléctrica, el agua si se utiliza adecuadamente y la flora y fauna.
- Recursos no renovables: una vez explotados, se agotan y no pueden regenerarse. Algunos ejemplos son: los hidrocarburos, los metales y los minerales.
¿Qué son los recursos del suelo y agrícolas?
Los recursos del suelo son la capa superficial de la corteza terrestre capaz de sostener vida vegetal: una mezcla de partículas minerales (arena, limo y arcilla), materia orgánica, agua, aire y una intensa actividad biológica. Los recursos agrícolas, por su parte, abarcan la tierra cultivable, los pastos, el agua de riego y la biodiversidad asociada que hacen posible producir alimentos y materias primas. Juntos constituyen la base física de la agricultura y de casi toda la cadena alimentaria.
Aunque el suelo se regenera de forma natural, lo hace tan lentamente que se considera un recurso esencialmente no renovable en la escala de una vida humana. Por eso su conservación es un pilar de cualquier estrategia de economía sustentable y forma parte del amplio conjunto de recursos naturales renovables que, mal gestionados, pueden agotarse.

Tipos de suelo y su fertilidad
No todos los suelos son iguales. Su fertilidad depende de la textura, la estructura, el contenido de materia orgánica y la disponibilidad de nutrientes. De forma simplificada, se distinguen varios tipos según la proporción de partículas:
- Suelos arenosos: drenan rápido y se calientan pronto, pero retienen pocos nutrientes y agua.
- Suelos arcillosos: retienen mucha agua y nutrientes, aunque tienden a compactarse y drenar mal.
- Suelos limosos: fértiles y de textura fina, frecuentes en llanuras aluviales.
- Suelos francos: el equilibrio ideal entre arena, limo y arcilla; los más productivos para la agricultura.
- Suelos orgánicos o turbosos: ricos en materia orgánica, típicos de zonas húmedas.
La fertilidad no es solo química: la vida del suelo es decisiva. Bacterias, hongos, lombrices e insectos reciclan nutrientes y forman la estructura porosa que permite el paso del agua y el aire. De hecho, se estima que una parte muy importante de la biodiversidad del planeta habita bajo tierra, lo que convierte al suelo en uno de los ecosistemas más ricos y menos visibles de la Tierra.

La tierra cultivable: un recurso sorprendentemente escaso
A pesar de que la agricultura ocupa una enorme superficie del planeta, la tierra realmente apta para cultivos es limitada. Según el Banco Mundial, la tierra cultivable representaba solo el 10,7 % de la superficie terrestre mundial en 2022 (Banco Mundial 2022). El resto son desiertos, montañas, hielos, bosques, zonas urbanas o suelos demasiado pobres para el cultivo permanente.
Ese escaso porcentaje debe alimentar a más de 8.000 millones de personas, lo que explica la presión creciente sobre cada hectárea productiva. Unos pocos países concentran buena parte de la tierra cultivable del mundo. Estados Unidos e India encabezan el ranking, seguidos por Rusia, China, Brasil y Argentina.
Puedes profundizar en cómo estos gigantes agrícolas gestionan su territorio en nuestros perfiles de recursos naturales de Estados Unidos, recursos naturales de India, recursos naturales de China, recursos naturales de Brasil y recursos naturales de Argentina.
El papel del suelo en la producción de alimentos
El suelo es el cimiento de la seguridad alimentaria. Como recordamos, la FAO calcula que el 95 % de los alimentos del mundo depende directamente de los suelos (FAO 2022). Más allá de sostener las raíces, el suelo suministra los nutrientes esenciales —nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes—, almacena y filtra el agua, y regula ciclos biogeoquímicos clave.
Un suelo sano también actúa como sumidero de carbono: almacena más carbono que la atmósfera y toda la vegetación juntas, lo que lo convierte en un aliado frente al cambio climático. Por eso, degradar el suelo no solo compromete las cosechas, sino que libera gases de efecto invernadero y reduce la capacidad del planeta para regular su clima. La agricultura, la nutrición y la acción climática están, literalmente, enraizadas en el suelo.

Amenazas: erosión, degradación y desertificación
La mayor amenaza para los recursos del suelo es su degradación. La FAO advierte que alrededor del 33 % de los suelos del mundo está de moderada a altamente degradado por la erosión, la pérdida de materia orgánica, la salinización, la contaminación y la compactación (FAO 2015). Si la tendencia continúa, se estima que hasta el 90 % de la capa fértil del planeta podría estar en riesgo para 2050 (FAO / ONU 2022).
La desertificación —la degradación de tierras en zonas áridas y semiáridas— agrava el problema. Según la UNCCD, el mundo pierde al menos 100 millones de hectáreas de tierra sana y productiva cada año, y unos 12 millones de hectáreas se pierden específicamente por desertificación y sequía (UNCCD 2024). Las principales causas incluyen:
- Erosión hídrica y eólica: el agua y el viento arrastran la capa fértil superficial.
- Deforestación: al eliminar la cubierta vegetal, el suelo queda expuesto.
- Sobreexplotación agrícola: monocultivos y labranza excesiva agotan los nutrientes.
- Salinización: el riego mal gestionado acumula sales que esterilizan el suelo.
- Contaminación y sellado urbano: productos químicos y pavimentación inutilizan tierra productiva.

Manejo sostenible del suelo
La buena noticia es que la degradación se puede frenar e incluso revertir. La FAO subraya que, con prácticas adecuadas, los suelos pueden recuperar su salud y su productividad. El manejo sostenible del suelo busca mantener o aumentar la fertilidad sin comprometer los servicios ecosistémicos. Entre las técnicas más eficaces destacan:
- Rotación y diversificación de cultivos: rompen ciclos de plagas y equilibran nutrientes.
- Cultivos de cobertura y abonos verdes: protegen el suelo y añaden materia orgánica.
- Labranza mínima o cero: reduce la erosión y conserva la humedad.
- Agroforestería y terrazas: estabilizan laderas y frenan la escorrentía.
- Compostaje y fertilización equilibrada: reponen nutrientes sin contaminar.
Estas prácticas están en el corazón de la agricultura sostenible y de numerosos proyectos de desarrollo sustentable en todo el mundo. Al conservar el suelo también protegemos otros recursos: el agua, la biodiversidad y el clima. Comprender la diferencia entre los recursos naturales renovables y los recursos naturales no renovables ayuda a dimensionar por qué el suelo, tan difícil de regenerar, merece un cuidado especial.

Recursos y países relacionados
Si quieres seguir explorando cómo distintos países gestionan sus suelos, su agricultura y sus recursos naturales, te recomendamos estas guías relacionadas:
- Recursos naturales de Estados Unidos
- Recursos naturales de India
- Recursos naturales de China
- Recursos naturales de Brasil
- Recursos naturales de Argentina
- Recursos naturales de Ucrania
- Recursos naturales de Uruguay
- Recursos naturales de Paraguay
- Recursos naturales renovables: qué son, tipos y ejemplos
- Recursos naturales no renovables: características y ejemplos
- Economía sustentable
- Proyectos de desarrollo sustentable
Fuentes de información usadas
- FAO — 95 % de los alimentos se produce sobre los suelos (2022)
- FAO — Status of the World’s Soil Resources: 33 % de suelos degradados (2015)
- FAO / ONU — 90 % de la capa fértil en riesgo para 2050 (2022)
- Banco Mundial — Tierra cultivable (% de la superficie terrestre)
- UNCCD — 100 millones de hectáreas de tierra sana perdidas cada año (2024)
- FAO — Formar 1 cm de suelo puede tardar hasta 1.000 años
Los recursos del suelo y agrícolas son, en definitiva, un capital natural irremplazable: lento de formar, fácil de destruir y esencial para alimentar al mundo. Protegerlos mediante un manejo sostenible no es solo una cuestión ambiental, sino una inversión directa en la seguridad alimentaria y en el bienestar de las próximas generaciones. Cada hectárea de suelo sano que conservamos hoy es una garantía de cosechas, agua limpia y clima estable para el mañana.


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